4 nov. 2010

Ante los ojos del error, somos todos iguales. Pero todos se creen con derecho a ser Dios; señalarte y mandarte a la muerte. En realidad no son todos, es uno solo. La multitud tiende a robar códigos ajenos, empaparse en una causa que no es suya. Solo hace falta un líder que localice un error, un defecto; y allá va el gentío. Siempre supuse que las personas estarían cada una en su camino, pero pasé muchas cosas por alto. Me olvidé que son todos unos idiotas. 
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escribir en primera persona no es escribir sobre mí.