8 ago. 2016

Roma

   Somos los baches y somos las curvas. Somos el destino y somos el camino. Somos la silenciosa luz y la ruidosa oscuridad. Somos un viaje cargado de metas y amaneceres. Quizás somos dos en uno. Somos quien hace y somos quien mira. Avanzamos, paso a paso, observándonos a nosotros mismos para saber cómo continuar. Damos la vuelta al mundo con los ojos cerrados y, al abrirlos, hacemos camino pisando fuerte. 
   Pasan personas, amores y dolores, y vos seguís ahí, inmóvil, oscuro. Esperás el gran salto, sin darte cuenta de que resurgir es algo minúsculo y espontáneo. Está en las cotidianidades intangibles, está en mirar fijo al sol y aprender que cada día es diferente. Porque quizás no todos los caminos conducen a Roma, pero cada paso puede llevarte a la inmortalidad.

1 comentario:

Beatrice dijo...

¡Buenas!
La verdad es que la vida está llena de esos pozos gigantes, otros más superficiales, vistas al mar y casas bajo huracanes. Todo junto, así de frenético.
Pensamos y pensamos y hacemos aquello que nos parece más adecuado o inteligente, otras veces, sin embargo, nos quedamos quietos esperando que la tempestad pase...
Pero, ¿Sabes qué? A veces es tan sencillo como copiar a esos sabios girasoles. Dejarse guiar hacia lo que nos produzca calidez.

Un beso, me gustó mucho leerte :)

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Montevideo, Uruguay
escribir en primera persona no es escribir sobre mí.