15 oct. 2016

to know or not to know

  Sabía. Sabía que no querías estar conmigo, que estabas aburrido, harto, frío. Quizás fue la rutina, la monotonía; quizás lo que otrora te fascinó de mí ahora yacía conocido y obsoleto. 

  Mi cabeza estaba rodeada de nubes, pero tus ojos en los míos las soplaban. Yo tenía los problemas de cualquier veinteañera y, posiblemente, algunos más. Había pasado mi vida pensando en que todo era plausible, y que tenía que intentar muchas cosas porque, total, no tenía nada que perder. Y eso me permitió (dejarme) vivir varias atrocidades. Un par de excesos, más inconsciencias, mucha más gente de mierda. Caminaba por inercia y con el alma vapuleada, porque los círculos viciosos de amores tóxicos había distorsionado la visión que tenía de mí misma. Y cuando apareciste, más que feliz, estaba tranquila. En mis momentos más poéticos, me gustaba creer que tanto daño pasado había existido solo para dimensionar todo el amor que tenía. Que merecía. Porque, al fin y al cabo, contigo tenía la felicidad que tanto creía merecer.

   Y empecé a saberlo, pero fingía que no lo sabía. Ni siquiera me gustaba pensarlo: imaginarlo significaba ser plenamente consciente de las dimensiones de tu hastío. Estabas distante, apagado, gris. Estabas lejos incluso en los amaneceres más íntimos. Irónicamente, sentí que podía ser parte de la solución, cuando era parte del problema. Creía poder ayudarte a recuperar el sol; era parte de todo aquello que atormentaba a tu cerebro.

  Entonces te fuiste. Tomaste coraje y escupiste tres palabras apuradas, que pedían un perdón tembloroso pero se mantenían firmes en su decisión de partir. Y mi primera reacción fue reírme. Reír, como el mayor pesimista al descubrir que sus malos augurios eran reales, tangibles, palpables. Reír como acto reflejo al descubrir que las sospechas eran verídicas, y que el haber querido ocultarlas no había servido de colchón para camuflar el dolor. Pero no reí. Lloré desconsoladamente. Lloré porque entendí que dejarme era tu forma de estar un poco mejor, pero nunca iba a ser la mía. Entendí que estabas mejor sin mí que conmigo, pero yo no lo estaba. Entendí que estaba total y completamente enamorada de un muerto en vida, de un eco efímero del tiempo cálido.

  En mis días hubo y habrá más llantos y risas, pero todos cubiertos por un velo de neutralidad. Por ahora, cualquier atisbo de felicidad va a estar empañado por tu partida y por el inconmensurable miedo de que toda bonanza termina derrapando en mi mente, de que toda emoción fallece en este cuerpo plagado de muertes vivas.


7 comentarios:

Che Mafalda dijo...

Estoy enamorada de tus últimas tres entradas, muy buenas. Me fascina como escribís!

AnaWrites' dijo...

Sólo tengo un par de palabras:
Me dolió.
Me encantó.

Desidia dijo...

Con esas letras me has transmitido tanto... Sigue por favor

Claudia Hernandez dijo...

senti cada palabra, lo escribiste muy lindo!!
writingclaud.com

Ana Granger dijo...

Hola!!! Participo en la iniciativa Seamos Seguidores y ya me tienes como seguidora. Te invito a mi blog: elaventurerodepapel.blogspot.com.es
Besos y Feliz 2017!!

La esperanza es lo último que se pierde dijo...

Hola Tame! En primer lugar, decirte que me ha encantado la entrada y que me has recordado a mi misma a la hora de escribir, con la utilización de bastantes metáforas y ese pesimismo que se siente a lo largo de todo el texto. Ya tienes una seguidora más en tu blog. Me preguntaba también si querrias pasarte por el mío, blogglovelaughlove.blogspot.com , ahora es un blog como el tuyo, de sentimientos, ya hace años que lo es, pero me estoy planteando incluir cosas sobre moda o maquillaje, así que me encantaría que te pasaras y que me dieras tu opinión, e incluso todos tus seguidores. Me harías muy feliz, muchos besos y gracias!

Marco dijo...

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escribir en primera persona no es escribir sobre mí.