5 sept. 2016

Falsa calma


   Estás sentado, mirando. Mirás hacia adelante, sin saber qué tenés en frente ni por qué te limita.  Es la falsa calma de creer que saliste de un pozo, cuando seguís inmerso en uno más grande. Descubriste, al fin, que resurgir es relativo; que nadie termina de resucitar.  El mundo sigue siendo el mismo; pero ahora tenés miedo. Tanteás los días a oscuras, en silencio. No importa qué te digas, qué te digan, cómo te quieran consolar. El sol llega sin que te des cuenta.

   Me preguntaste por qué me gustan los girasoles. Son bastante inteligentes, ¿no?. Buscan luz, buscan calidez. Saben qué les hace bien y, simplemente, se mueven hasta encontrarlo. Y a mí, que he vivido bajo varios huracanes, no me vendría mal hacerlo.

8 ago. 2016

Roma

   Somos los baches y somos las curvas. Somos el destino y somos el camino. Somos la silenciosa luz y la ruidosa oscuridad. Somos un viaje cargado de metas y amaneceres. Quizás somos dos en uno. Somos quien hace y somos quien mira. Avanzamos, paso a paso, observándonos a nosotros mismos para saber cómo continuar. Damos la vuelta al mundo con los ojos cerrados y, al abrirlos, hacemos camino pisando fuerte. 
   Pasan personas, amores y dolores, y vos seguís ahí, inmóvil, oscuro. Esperás el gran salto, sin darte cuenta de que resurgir es algo minúsculo y espontáneo. Está en las cotidianidades intangibles, está en mirar fijo al sol y aprender que cada día es diferente. Porque quizás no todos los caminos conducen a Roma, pero cada paso puede llevarte a la inmortalidad.

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Montevideo, Uruguay
escribir en primera persona no es escribir sobre mí.